Dinamarca ha prohibido, por el momento, la construcción o ampliación de granjas porcinas convencionales. Así lo anunció la semana pasada el ministro de Naturaleza y Protección Animal, Christian Rabjerg Madsen. La normativa entrará formalmente en vigor tras un periodo de consulta de cuatro semanas; las solicitudes ya presentadas seguirán siendo revisadas por los municipios conforme a la normativa vigente. La moratoria se mantendrá hasta que se defina el marco para la futura producción porcina, un asunto que se debatirá en una reunión cuatripartita en la que participarán organizaciones agrícolas, entidades de naturaleza y bienestar animal, los interlocutores sociales del sector alimentario y representantes del Gobierno.

El objetivo declarado del ministro es lograr una ganadería porcina más sostenible y mejorar de forma significativa el bienestar animal, además de impedir que los ganaderos inviertan en instalaciones que contradigan la visión del Ejecutivo, para la que considera que cuenta con un claro mandato de los votantes. Según el ministerio, los cambios que beneficien el bienestar animal, el clima o el medio ambiente podrán aprobarse siempre que no aumenten ni la capacidad ni la superficie cultivada.
La Asociación Danesa de Agricultura y Alimentación (L&F) ha criticado la medida. «El Gobierno quiere mejorar el bienestar animal, pero al mismo tiempo está paralizando las inversiones que lo harían posible», ha señalado Hans Christian Gæmelke, presidente de la división porcina de la organización, que recuerda que dar más espacio a los cerdos exige también más superficie: sin nuevas granjas, sostiene, todo seguirá igual. Gæmelke considera difícil entender por qué el Gobierno cierra la industria de forma indefinida con la moratoria.
La entidad advierte además de consecuencias económicas inmediatas: las empresas tendrán que suspender sus planes de construcción en curso, y prevé que los bancos también denieguen préstamos mientras no haya certeza jurídica y urbanística para los próximos meses. L&F recuerda asimismo lo que los daneses están dispuestos a pagar por la carne de cerdo: la importada representaba en torno al 7 % del mercado en el año 2000, una cifra que la organización estima hoy cercana al 22 %, lo que demuestra, a su juicio, la rapidez con la que puede resentirse la producción danesa si su coste aumenta en exceso. En ese escenario, advierte, el riesgo no es mejorar la producción porcina danesa, sino aumentar las importaciones y reducir el empleo en el país.








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