La ganadería española ha seguido caminos radicalmente distintos según la especie en las últimas cuatro décadas, según los datos recogidos en la publicación conmemorativa del 40º aniversario de la Política Agraria Común (PAC) editada por el Ministerio de Agricultura. Mientras el sector porcino ha más que duplicado su censo y casi cuadruplicado su producción de carne, ovino y caprino arrastran una tendencia regresiva sostenida tanto en número de animales como en sacrificios.

El cerdo que conquistó Europa
El porcino es, con diferencia, el ejemplo más claro de crecimiento del periodo: su censo ha pasado de 15,7 a 33,6 millones de cabezas, mientras que la producción de carne se ha multiplicado por casi cuatro, hasta los 5,3 millones de toneladas. El impulso más reciente llegó de la mano de las crisis sanitarias que afectaron a la cabaña ganadera asiática entre 2019 y 2020, cuando China, principal importador mundial de carne de porcino y a la vez uno de los grandes productores, atravesó su propia crisis por peste porcina africana (PPA). Ese contexto disparó las exportaciones españolas y consolidó a España como primer productor de porcino de la Unión Europea y cuarto a nivel mundial.
Ese liderazgo tiene una base sanitaria concreta: España erradicó la PPA en su propio territorio en noviembre de 1995, tras un programa coordinado puesto en marcha en 1985 con apoyo financiero comunitario, después de que la enfermedad hubiera actuado durante años como una barrera real para el desarrollo del sector. Tras el reciente rebrote, el Ministerio señala la necesidad de coordinación entre las administraciones autonómica, estatal y comunitaria para lograr su pronta erradicación.
Menos animales, más producción
En avicultura, la evolución muestra dos dinámicas distintas: el censo de gallinas ponedoras ha descendido ligeramente, con oscilaciones puntuales, mientras que el de pollos de engorde ha crecido con fuerza, cerca de un 76 %. La producción, no obstante, ha aumentado de forma mucho más intensa que los censos, con incrementos del 153 % en carne y del 19 % en huevos, lo que apunta a una mejora clara de la eficiencia productiva. Ese avance ha ido acompañado de un refuerzo sanitario: desde 2003, la normativa comunitaria obliga a vigilar y controlar la Salmonella en toda la cadena alimentaria, lo que dio origen a los Programas Nacionales de Control de Salmonella, aplicados de forma progresiva entre 2007 y 2010 según la categoría de ave. Su implantación ha reducido de forma significativa la prevalencia de los serotipos vigilados, que hoy se mantiene, salvo excepciones puntuales, por debajo de los objetivos fijados por la Unión Europea.
Este mismo patrón de eficiencia creciente, censo estable o en descenso pero producción al alza, se repite en el vacuno de leche, donde el número de vacas ha caído de forma drástica pese a que la producción ha aumentado gracias a la tecnificación y la mejora genética.
El declive de ovino y caprino
Frente a estas historias de eficiencia, ovino y caprino han seguido una trayectoria inversa, con caídas significativas tanto en el número de animales como en los sacrificios, que los datos atribuyen a dificultades estructurales, menor rentabilidad y cambios en los patrones de consumo. El contraste resulta llamativo si se pone junto al historial sanitario del sector: España declaró la totalidad de su territorio libre de brucelosis ovina y caprina en 2021, después de décadas de campañas de saneamiento ganadero que también permitieron erradicar la perineumonía contagiosa bovina en 1994 y la leucosis bovina enzoótica en 1999. Es decir, el estatus sanitario de estas especies ha mejorado de forma sustancial en las últimas dos décadas, justo en el periodo en el que su censo ha seguido reduciéndose.
El vacuno de carne, por su parte, presenta una evolución más irregular: creció de forma sostenida hasta el año 2000, pero ha sufrido etapas de contracción vinculadas a crisis económicas y a factores más recientes, como la pandemia o el encarecimiento de los costes de producción. Todo el sector ganadero, además, ha visto cómo el bienestar animal se incorporaba a la normativa comunitaria desde la adhesión de España a la entonces Comunidad Económica Europea, y cómo su cumplimiento pasó a formar parte de la condicionalidad para percibir ayudas directas a partir de 2003. Desde 2021, la Unión Europea ha reforzado además su enfoque preventivo en sanidad animal, desplazando el modelo anterior, más centrado en reaccionar ante los brotes ya detectados.
El documento cierra su análisis del periodo señalando que la ganadería española ha transitado hacia un modelo más especializado, productivo y orientado al mercado, una lectura que agrupa bajo un mismo signo positivo tanto el auge del porcino y la avicultura como el retroceso sostenido de ovino y caprino, sin distinguir entre ambas dinámicas ni detenerse en el riesgo sanitario que el propio texto reconoce para el sector porcino.
Los datos proceden de «La Política Agraria Común: un triunfo de Europa, un triunfo para España. 40 años de la PAC en España 1986-2026», publicación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, disponible en su tienda online y en el Catálogo de Publicaciones de la Administración General del Estado.






Lo expuesto viene a refrendar que en los últimos años solo han crecido (y, en general, de una forma notable) aquellos sectores ganaderos que no reciben ayudas PAC.