Las altas temperaturas registradas en mayo han obligado a ASAJA Castilla-La Mancha a revisar a la baja sus previsiones para la campaña de cereales de invierno. La organización estima una cosecha de 3,5 Mt frente a los 4,4 Mt del año anterior, lo que supone un descenso aproximado del 20%. La campaña, que comenzó con moderado optimismo, acumuló contratiempos desde el inicio: las lluvias retrasaron las siembras, las heladas de finales de marzo afectaron a Albacete y Guadalajara —la conocida como helada de San Isidro— y el calor de mayo aceleró el ciclo de los cultivos y redujo su potencial productivo.

Un mapa sin homogeneidad
La variabilidad territorial es uno de los rasgos más marcados de esta campaña. Albacete espera una cosecha algo superior a la de los últimos años, lastrados por la sequía, mientras que Guadalajara se sitúa claramente por debajo de la campaña anterior, que fue excepcional. En algunas comarcas los descensos de producción se sitúan entre el 20% y el 40%, y los rendimientos oscilan entre las 4.000 kg/ha en las mejores parcelas de secano y apenas 1.000 o 2.000 kg/ha en las peores. La recolección avanza a buen ritmo en Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo; en Guadalajara acaba de arrancar. La cebada sigue siendo el cultivo predominante, con más de la mitad de la superficie sembrada de cereales de invierno en la región.
En el apartado de forrajes, la disparidad también es acusada. Avenas forrajeras y paja acumulan además precios bajos y una demanda reducida.
El precio, el otro frente
Más allá de la producción, ASAJA CLM sitúa el problema de fondo en el desplome de las cotizaciones. La organización denuncia que los costes de producción han crecido alrededor de un 30% en los últimos años, mientras los precios en origen permanecen estancados o han retrocedido hasta niveles de hace décadas. La entidad atribuye buena parte de esta situación a la entrada masiva de cereal procedente de terceros países, que genera sobreoferta en el mercado europeo y presiona las cotizaciones a la baja. A ello se suman el elevado coste de los insumos, los daños por fauna silvestre —especialmente conejos— y las restricciones de acceso al agua.
Ante este escenario, la organización reclama al Gobierno y a las instituciones europeas el control de las importaciones, aranceles disuasorios o una actualización de los precios de intervención, la aplicación efectiva de cláusulas espejo que exijan a los productos importados los mismos estándares sanitarios, fitosanitarios, laborales y medioambientales que se imponen a los productores europeos, y medidas urgentes para reducir los costes de producción, en particular los relacionados con fertilizantes.
La organización agraria advierte de que, si no se adoptan medidas, el sector volverá a movilizarse.






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