Un equipo investigador de la Universidad de Adelaida, en Australia, ha constatado que la incorporación de un aditivo basado en extracto de algas marinas en la dieta de vacas de cría disminuye drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. El ensayo confirma que esta estrategia reduce el metano entérico sin alterar el peso de las madres ni comprometer el desarrollo posterior de sus crías en sistemas de manejo extensivo.

El ensayo y sus resultados principales
El estudio evaluó a ochenta vacas de raza Angus durante su última fase de gestación y las primeras semanas de lactancia, un periodo crítico a nivel fisiológico. A la mitad del rebaño se le suministró diariamente un concentrado mezclado con aceite de canola que contenía bromoformo, un compuesto extraído del alga Asparagopsis armata, a razón de 0,69 miligramos por kilo de peso vivo. El suministro se realizó en un comedero lineal compartido para simular las condiciones comerciales habituales. Las mediciones revelaron que las vacas suplementadas emitieron, de media, un 60,6% menos de metano, alcanzando picos de reducción del 77,0% durante la tercera semana del ensayo.
La paradoja del apetito
La inclusión de este aceite marino provocó un efecto secundario notable en el comportamiento alimentario del lote tratado. Según recogen los datos del ensayo, la ingesta estimada de materia seca de estas vacas se redujo en 1,56 kilos diarios respecto al grupo de control. A pesar de este menor consumo de forraje, los animales no registraron pérdidas de peso corporal. Los autores del trabajo sugieren que esta estabilidad refleja una posible redirección de la energía metabólica: el hidrógeno que los microorganismos del rumen dejaban de utilizar para producir metano se aprovechó para generar otros productos beneficiosos para la nutrición del animal.
Esta caída en el volumen de alimento ingerido abre también una ventana de rentabilidad para el productor. Las estimaciones de la universidad australiana apuntan a que, en un rebaño de cuarenta cabezas alimentadas a base de heno de avena, este menor apetito se traduciría en un ahorro directo en costes de alimentación cercano a los 18 dólares australianos diarios, compensando así el posible coste de adquisición del propio aditivo.
El rastro metabólico en la sangre
Al prolongar la administración del bromoformo durante el inicio de la lactancia, los científicos rastrearon posibles alteraciones en la salud del binomio vaca-ternero. Los análisis de sangre a los siete días del parto mostraron que el 60% de las vacas tratadas presentaba un exceso de bases por encima del rango normal, lo que indica un cuadro de alcalosis metabólica leve. En cuanto a los terneros, cuya única exposición al compuesto fue a través de la leche materna o durante la gestación, se detectaron niveles de creatinina y tiroxina ligeramente superiores a los de sus pares del grupo de control.
No obstante, los valores de las crías se mantuvieron en todo momento dentro de los parámetros fisiológicos considerados seguros. Este equilibrio bioquímico se reflejó posteriormente en la báscula, ya que a los 150 días de vida no existía ninguna diferencia de desarrollo ni de peso entre los terneros de ambos lotes.
Los resultados detallados de este ensayo se encuentran recogidos en el artículo «Efficacy of bromoform extract oil supplementation to mitigate methane emissions in Angus cows in an extensive system and the health impact on the cow-calf pair», publicado en la revista científica Frontiers in Animal Science por investigadores del Davies Livestock Research Centre de la Universidad de Adelaida.





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