El sector vitivinícola español ha trazado una hoja de ruta clara hasta 2028 con, entre otras ambiciones, una muy concreta: incrementar en el valor de sus productos. Esta meta, recogida en la actualización del Plan Estratégico 2022–2027 —ahora ampliado hasta 2028—, refleja una apuesta decidida por crecer en valor, reforzar la competitividad internacional y consolidar un modelo más rentable y sostenible.
La revisión de esta hoja de ruta se presentó ayer en Madrid, donde la Interprofesional del Vino de España (OIVE) ha reunido a representantes del sector, bodegas, expertos económicos e institucionales para analizar el nuevo contexto del vino español y las prioridades estratégicas de los próximos años.

En un contexto internacional marcado por la caída del consumo mundial de vino y por una creciente incertidumbre económica y geopolítica, el sector responde con una estrategia, “reforzada, realista y orientada al valor”, según ha destacado el presidente de OIVE, Fernando Ezquerro.
España mantiene la tercera posición mundial en valor de exportaciones y parte de una posición única como líder en superficie de viñedo y producción ecológica. El reto no es vender más, sino vender mejor, ha explicado.
Un Plan ejecutable
Tras la revisión realizada a mitad de su ejecución, el Plan Estratégico se simplifica de 101 a 81 acciones, manteniendo sus 10 ejes estratégicos y 17 objetivos cuantitativos. Esta racionalización refuerza la claridad, elimina duplicidades y mejora la capacidad de ejecución.
Más de dos tercios de las iniciativas presentan ya un grado de avance medio o alto, lo que confirma la capacidad de implementación del sector. Las acciones más complejas y transformadoras, centradas en la valorización y el equilibrio oferta-demanda, concentrarán el esfuerzo prioritario en los próximos años.
Sostenibilidad, equilibrio y consumo responsable como pilares
El nuevo rumbo hasta 2028 consolida, según ha explicado Susana García, directora de OIVE, tres grandes prioridades: impulsar la captación de valor en los mercados internacionales; equilibrio del mercado y rentabilidad de toda la cadena y defensa del vino en su vínculo con la Dieta Mediterránea y su posicionamiento desde la evidencia científica, la moderación y la autorregulación.
Asimismo, la digitalización, la innovación y la inteligencia económica se consolidan como ejes transversales para reforzar la competitividad, mejorar la planificación y anticipar escenarios en un entorno cada vez más complejo.
Unidad y visión compartida
La revisión del Plan ha contado con la participación activa de agentes representativos del sector, reforzando el papel de la Interprofesional del Vino de España como espacio de coordinación y visión compartida.
En la misma línea se ha expresado la secretaria general de Recursos Agrarios y Seguridad Alimentaria del Ministerio de Agricultura, Ana Rodríguez, que ha destacado el papel que juega la Interprofesional “fundamental como nexo de unión para y vertebración de toda la cadena de valor, desde viticultores y cooperativas hasta bodegas y comercializadores”, y ha apuntado como tarea prioritaria: “potenciar el vino como símbolo de España vinculado a cultura y territorio, que constituye un activo económico estratégico, con fuerte impacto en el empleo, el desarrollo rural y la balanza comercial agroalimentaria”.
Por su parte, la directora de OIVE, Susana García, ha presentado el balance del camino recorrido y los aprendizajes durante su ejecución, y ha dado paso a una mesa de reflexión sectorial con representantes de FEV, Cooperativas Agro-Alimentarias, ASAJA, COAG y UPA.





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