El mosquito verde de la vid, plaga perteneciente principalmente a los géneros Empoasca y Jacobyasca, puede mantener su actividad después de la vendimia mientras la vegetación permanezca activa. Durante este periodo, ninfas y adultos siguen alimentándose de la savia de las hojas, con síntomas que pueden afectar a la capacidad de la planta para acumular reservas de cara a la siguiente campaña, según recuerda la Red de Alerta e Información Fitosanitaria (RAIF) de Andalucía.

Los primeros síntomas se manifiestan como decoloraciones en los bordes de las hojas —amarillentas en variedades blancas, rojizas en las tintas—. En situaciones de mayor incidencia pueden aparecer necrosis, enrollamiento y desecación foliar, y cuando el ataque es intenso, una defoliación prematura que reduzca la superficie foliar necesaria para completar el agostamiento de los sarmientos.
Seguimiento y prevención tras la recolección
La Gestión Integrada de Plagas recomienda mantener el seguimiento de la plaga una vez recolectada la uva, mediante observaciones periódicas en el envés de las hojas para comprobar la presencia de ninfas y adultos y valorar la evolución de los síntomas. Las trampas cromotrópicas amarillas pueden emplearse como herramienta complementaria para seguir la evolución de las poblaciones de adultos, prestando especial atención a las parcelas con antecedentes de incidencia durante la campaña.
Entre las medidas preventivas, se aconseja mantener un equilibrio vegetativo adecuado, evitando excesos de vigor que favorezcan el desarrollo de la plaga, así como vigilar la vegetación espontánea del interior y los márgenes de la parcela, conservando las cubiertas que favorezcan a la fauna auxiliar. La conservación de los enemigos naturales del mosquito verde —entre ellos los parasitoides de huevos del género Anagrus— es otra medida clave: se recomienda evitar intervenciones fitosanitarias innecesarias y tener en cuenta el posible impacto de los tratamientos sobre la fauna beneficiosa del viñedo.
Cuándo tratar
Cuando el seguimiento detecte poblaciones elevadas y riesgo de defoliación prematura, deberá valorarse la necesidad de intervenir. Según los criterios establecidos, los tratamientos pueden considerarse al superarse los umbrales de 0,5 insectos por hoja en Producción Integrada, o de 2 insectos por hoja según la Guía de Gestión Integrada de Plagas del cultivo. En caso de tratamiento, deberán utilizarse exclusivamente productos autorizados para el cultivo y la plaga, verificando los usos permitidos en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura.
Tras cualquier intervención será necesario comprobar su eficacia mediante nuevos muestreos. Si las poblaciones se mantienen en niveles bajos y la cepa conserva suficiente superficie foliar, la recomendación es continuar con el seguimiento hasta la caída natural de la hoja. El objetivo, señala la RAIF, es favorecer que la planta complete adecuadamente el agostamiento de la madera y acumule reservas para la próxima campaña.






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