La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé una probabilidad cercana al 100% de que El Niño persista hasta febrero de 2027, la previsión más categórica emitida hasta ahora en un boletín Info Niño/Niña, según los centros de producción mundiales del organismo.

Las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial centro-oriental, la región donde se origina el fenómeno, ya se sitúan muy por encima de lo normal y continúan en aumento, una de las señales inequívocas de El Niño. Bajo la superficie oceánica el calor es todavía más excepcional: en algunas regiones, las temperaturas subsuperficiales superaron en julio y principios de agosto los 8 °C por encima del promedio.
Impulsado por estas temperaturas oceánicas excepcionalmente altas en el Pacífico tropical, se espera que el fenómeno se intensifique en los próximos meses hasta alcanzar una intensidad muy alta antes de tocar techo a finales de 2026, con impactos climáticos que se prolongarían durante gran parte de 2027. Un episodio de esta magnitud puede alterar de forma significativa los patrones de temperatura y precipitación en todo el mundo y provocar fenómenos meteorológicos extremos.
¿Qué pasará con las temperaturas?
Las previsiones multimodelo de la OMM para el trimestre septiembre-noviembre de 2026 apuntan a un aumento prácticamente generalizado de la probabilidad de temperaturas superiores a lo normal sobre las masas continentales, con especial intensidad al norte de los 60°S. En el hemisferio norte, esta tendencia cubre África, el sur de Europa, la península arábiga, el subcontinente indio, el este de Asia, la costa oeste de Norteamérica por debajo de los 60°N, el noreste del continente, Centroamérica, el Caribe y el círculo polar ártico. En el hemisferio sur, la señal es especialmente robusta en el sur de África, Sudamérica entre el ecuador y los 30°S, la mayor parte de Australia y Nueva Zelanda. En el océano, la huella de El Niño se refleja en probabilidades extremas, superiores al 80%, de temperaturas superficiales por encima de lo normal en el Pacífico ecuatorial oriental, mientras que una franja subtropical del Pacífico Sur, justo al sur del núcleo cálido, apunta a temperaturas por debajo de lo normal.

¿Qué pasará con las precipitaciones?
En cuanto a las precipitaciones, los modelos dibujan el patrón típico de un episodio fuerte de El Niño: un fuerte aumento de la probabilidad de lluvias superiores a lo normal en el Pacífico ecuatorial central y oriental, flanqueado por amplias zonas de menor probabilidad de lluvia tanto en el océano Índico tropical como en el Atlántico ecuatorial, con un patrón que se extiende hacia ambos hemisferios desde los 120°E. El subcontinente indio destaca por una probabilidad elevada de precipitaciones inferiores a lo normal, mientras que Asia central y el norte de la península arábiga apuntan a lluvias por encima de lo habitual. En África, el Cuerno de África mostraría un exceso de lluvia frente al déficit previsto en el África ecuatorial occidental. En América, se espera menor precipitación en el sur de Centroamérica y el Caribe, y mayor en el sureste de Sudamérica, con un nuevo déficit en el extremo sur del continente. En Europa, el sur del continente se orienta hacia lluvias superiores a lo normal, mientras la señal es débil en el norte.

Y con los cultivos?
Según el informe Market Monitor de la FAO, entre finales de agosto y principios de septiembre se pronostican temperaturas anormalmente altas en zonas de cultivo activo del centro y sureste de Estados Unidos, México, Centroamérica, el Caribe y el noreste de Paraguay, así como en el sur de Europa, África Occidental, la región del Sahel, África Oriental, Yemen, el sur y norte de India, Pakistán, Asia Central, el noroeste y centro de China, el sur de Vietnam y el sur de Filipinas. Los datos proceden del boletín Global Seasonal Climate Update, elaborado por la OMM y preparado el 20 de agosto de 2026.






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