El calor y la ausencia de lluvias de las últimas semanas del ciclo han recortado el potencial del cereal español justo cuando el grano se llenaba. La segunda estimación del Consejo Sectorial de Cereales de Cooperativas Agro-alimentarias de España, difundida el 15 de julio, rebaja la cosecha de 2026 a 18,6 M t, casi dos millones menos de lo que apuntaba el aforo de mayo.

La nueva previsión, elaborada a medida que avanza la recolección y se dispone de información más precisa sobre los rendimientos de las principales zonas productoras, sitúa la producción nacional sobre una superficie estimada de 5,28 M ha, según los últimos datos disponibles del Ministerio de Agricultura y de la PAC, a falta de cifras oficiales más actualizadas. El rendimiento medio nacional queda en 3,52 t/ha.
La corrección supone 1,96 M t menos (-9,5%) respecto a la primera estimación de mayo, que situaba la campaña en 20,56 M t. Frente a las 26,64 M t de la excepcional cosecha de 2025, la producción cae hasta un 30% y el rendimiento, un 24%.
Cuando el grano se quedó sin tiempo para llenarse
Las expectativas favorables que habían generado las precipitaciones de primavera no se consolidaron de manera uniforme. Las elevadas temperaturas registradas desde la segunda mitad de mayo aceleraron el desarrollo y la maduración de los cultivos en numerosas zonas del centro y norte peninsular, acortaron el periodo de llenado y redujeron el peso del grano.
Los registros meteorológicos confirman esas condiciones en las fases decisivas del cultivo. De acuerdo con AEMET, mayo fue muy cálido y seco, y junio tuvo carácter extremadamente cálido y muy seco, con una temperatura media peninsular 3,2 °C por encima de lo normal y precipitaciones que apenas alcanzaron el 39% de su valor habitual. Los recortes fueron más severos allí donde el cereal seguía en llenado cuando llegaron los episodios de calor.
La campaña ha sido, además, muy desigual en el territorio. Mientras en buena parte del centro y del norte el factor limitante ha sido el estrés térmico e hídrico, en Andalucía las lluvias persistentes del invierno provocaron encharcamientos, problemas de nascencia y falta de uniformidad en determinadas parcelas, con efectos sobre el potencial productivo y sobre la calidad del grano.
La cebada aguanta el liderazgo, pero un tercio por debajo
Los cereales de invierno se estiman en torno a 14,8 M t, con descensos generalizados en todos los cultivos. La cebada aporta 6,9 M t y el trigo blando, 5,6 M t, seguidos de la avena con 868.000 t, el triticale y otros cereales con 804.000 t, el trigo duro con 449.000 t y el centeno con 149.000 t. A estas cifras se añaden, de forma todavía preliminar, 3,83 M t de maíz.
Respecto a la campaña pasada, el trigo blando reduce su previsión un 36% y la cebada, un 32%. Esta última continúa siendo el principal cereal español por volumen, con un rendimiento medio de 3,19 t/ha, seguida del trigo blando, con 3,25 t/ha. Unos niveles muy alejados de los extraordinarios registros del año anterior, lo que confirma la creciente incidencia de la meteorología de las últimas fases del ciclo sobre la producción final.
Al recorte productivo se suma un factor económico que agrava la campaña. El incremento de los costes en insumos, energía y labores ha reducido de forma significativa la rentabilidad de las explotaciones cerealistas, de modo que, aunque los rendimientos se sitúan próximos a la media de los últimos cinco años, el margen económico es considerablemente menor que en campañas anteriores.
La organización considera prioritario avanzar en el manejo profesionalizado de los cultivos, la mejora genética, el empleo de semilla certificada o de grano adecuadamente acondicionado, la agricultura de precisión y el fortalecimiento de los seguros agrarios, y sitúa la colaboración entre agricultores, cooperativas, empresas obtentoras y centros de investigación como vía para estabilizar los rendimientos. En esa línea señala la iniciativa Agricultores Contra el Cambio Climático (AC3), impulsada por el sector, como herramienta para generar y trasladar soluciones agronómicas frente a episodios climáticos adversos. La entidad recuerda que el cereal es un cultivo estratégico para el equilibrio territorial, la actividad económica del medio rural y el abastecimiento de la cadena agroalimentaria, y que la volatilidad de las últimas campañas obliga a reforzar la capacidad de adaptación de las explotaciones.







Deja un comentario