Un equipo del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC) ha conseguido, por primera vez en el mundo, el nacimiento de ejemplares de cabra montés ibérica a partir de material genético extraído de animales fallecidos. Este hito reproductivo en un íbice abre una nueva vía para la conservación de ungulados de montaña amenazados.

Los gametos empleados para este avance científico proceden de ovarios y testículos recogidos en la Reserva Nacional de Caza de Sonsaz, en la Comunidad de Madrid, y en la Reserva Andaluza de Caza de las Sierras de Tejeda y Almijara, en la provincia de Málaga. Los investigadores de las áreas de ingeniería genómica y fisiología reproductiva del organismo público aplicaron técnicas de reproducción asistida combinando espermatozoides criopreservados y ovocitos madurados en el laboratorio.
Según detallan desde el centro de investigación, el proceso exigió recoger el esperma en las primeras horas tras la muerte de los machos para asegurar su capacidad fecundante, almacenándolo posteriormente en nitrógeno líquido a temperaturas cercanas a los -200 grados. Los ovocitos, por su parte, se fecundaron in vitro utilizando un medio de cultivo originariamente diseñado para el ganado bovino.
El seguro de vida contra la extinción
Los embriones resultantes se desarrollaron en un entorno simulado hasta alcanzar la fase de blastocisto, momento en el que fueron congelados mediante vitrificación para evitar daños celulares. El equipo científico destaca que esta metodología supera las limitaciones de técnicas anteriores, ya que permite generar una reserva genética completa que incluye tanto a machos como a hembras, facilitando la reconstitución íntegra de un rebaño.
Tras el proceso de laboratorio, los embriones vitrificados se descongelaron y se transfirieron a cinco hembras receptoras sincronizadas hormonalmente. Las gestaciones llegaron a término con el nacimiento de tres crías, de las cuales sobreviven dos machos en perfecto estado, mientras que el tercer ejemplar falleció tras el parto por problemas de lactancia con la madre receptora.
La viabilidad de este procedimiento resulta fundamental para especies endémicas vulnerables a brotes infecciosos o desastres naturales. Los autores del estudio subrayan que la creación de bancos de embriones criopreservados podría evitar extinciones como la del bucardo pirenaico en el año 2000, además de resultar aplicable a otros ungulados internacionales en peligro de desaparición como el íbice nubio o el arruí.





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