La Comisión Europea alerta del riesgo de un nuevo impacto inflacionista derivado del bloqueo en el estrecho de Ormuz, que dispararía el precio de los carburantes y el gas a finales de este mismo año, lastrando la recuperación comunitaria.

Las previsiones económicas de primavera elaboradas por la Comisión Europea incluyen un escenario de estrés basado en una perturbación profunda y prolongada de los mercados energéticos a raíz de la inestabilidad en Oriente Próximo. El modelo sirve como advertencia frente a las proyecciones de referencia que maneja el organismo.
La simulación comunitaria contempla una fuerte restricción del tráfico comercial a través del estrecho de Ormuz que no comenzaría a normalizarse hasta finales del presente ejercicio. Esta asfixia logística llevaría el barril de crudo hasta los 180 dólares durante el cuarto trimestre de 2026, mientras que el gas alcanzaría los 80 euros por megavatio hora (MWh). Ambas cifras duplican con creces las estimaciones del escenario base, fijadas en 84,7 dólares y 42,2 euros, respectivamente.
Según el informe, la tensión en las cotizaciones de estas materias primas cedería gradualmente a lo largo de 2027. La paulatina vuelta a la normalidad se fundamenta en el restablecimiento del tránsito marítimo, el repunte general de la extracción y la entrada en funcionamiento de nuevas infraestructuras de gas natural licuado procedentes de proveedores alternativos.
La onda expansiva sobre el crecimiento
El encarecimiento de la energía arrastraría consigo a las primas de riesgo global, minando la confianza de los consumidores y frenando de nuevo la economía europea. Las estimaciones de Bruselas calculan que el Producto Interior Bruto (PIB) de la UE menguará cuatro décimas este año respecto al escenario optimista, cayendo al 0,7%. Para 2027, el diferencial negativo se ampliaría a siete décimas, estancando la mejora de nuevo en el 0,7%, la mitad de lo previsto en un contexto de estabilización.
En paralelo, el coste de los suministros avivaría la inflación. La repercusión será más evidente el próximo año, cuando el IPC se situaría en el 3,5%, más de un punto por encima de la previsión inicial. El documento revela que esta presión alcista sobre los precios derivaría casi en exclusiva de la factura del gas y el crudo, un horizonte que solo se vería ligeramente amortiguado por el endurecimiento de las condiciones financieras y la consecuente reducción de la demanda agregada.






que pongan sanciones a los eeuu si eligen para presidente a un payaso tarado que carguen ellos con el muerto.