Europa se ha consolidado como el continente con el calentamiento más rápido del planeta, registrando un aumento de las temperaturas que duplica el promedio global. Así lo advierte el informe European State of the Climate 2025, elaborado por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), un documento que analiza los factores mecánicos que están acelerando la presión térmica sobre el sector agroalimentario europeo.

Desde la década de 1980, la región europea ha experimentado un calentamiento de aproximadamente 0,56 °C por década, frente a los 0,27 °C registrados a nivel mundial. Esta tendencia ha situado la temperatura del continente unos 2,5 °C por encima de los niveles preindustriales, superando con creces el incremento global de 1,4 °C. En el caso de España, este escenario se tradujo en 2025 en episodios de calor extremo con máximas de 45 °C y un incremento drástico de las noches tropicales.
Un efecto dominó desde el Círculo Polar
La posición geográfica de Europa es uno de los principales motores de esta aceleración. Al encontrarse parcialmente dentro del Ártico, el continente se ve directamente afectado por la denominada amplificación ártica, un fenómeno por el cual los polos se calientan a un ritmo de 0,75 °C por decenio. La pérdida progresiva de la cubierta de nieve y del hielo marino reduce el efecto albedo, es decir, la capacidad de la superficie para reflejar la radiación solar. Al desaparecer el manto blanco, el suelo y el océano absorben una cantidad mucho mayor de energía térmica, retroalimentando el ascenso de los termómetros.
La trampa del escudo menguante
El estudio identifica un segundo factor determinante vinculado a la mejora de la calidad del aire en las últimas décadas. La reducción sistemática de aerosoles y partículas contaminantes desde los años ochenta ha tenido un efecto secundario inesperado sobre el balance térmico. Estas partículas actuaban como una pantalla reflectante que bloqueaba parte de la energía solar y favorecía la formación de nubes. Su eliminación ha despejado los cielos, permitiendo que una mayor cantidad de radiación impacte directamente sobre la superficie terrestre y los cultivos.
A este escudo debilitado se suman los cambios en los patrones de circulación atmosférica. El informe apunta que se están produciendo situaciones de bloqueo más frecuentes, donde sistemas de altas presiones quedan anclados sobre el continente. Para el profesional del campo, esto se traduce en olas de calor más persistentes y periodos de insolación que disparan las tasas de evapotranspiración.
El campo frente a un balance hídrico imposible
La consecuencia inmediata de este calentamiento acelerado para la agricultura es la degradación de las reservas hídricas del suelo. De acuerdo con los datos de satélite, 2025 fue uno de los tres años con los suelos más secos en Europa desde que se tienen registros en 1992. La falta de humedad alcanzó niveles críticos en el mes de mayo, cuando el 35 % de la superficie europea entró en situación de sequía agrícola extrema.
Esta dinámica somete a las explotaciones a una tensión constante, ya que el aumento de la temperatura agota rápidamente los beneficios de las lluvias ocasionales. Aunque España registró una primavera excepcionalmente húmeda en 2025, el calor extremo de los meses siguientes provocó una rápida desecación de la biomasa, elevando el riesgo de incendios y obligando a intensificar las dotaciones de riego para compensar el estrés térmico de las plantas.




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