Los fertilizantes nitrogenados que pasan por el Golfo Pérsico son fundamentales para la producción agraria y de alimentos, por lo que urge apostar por un sistema alternativo basado en estiércol, purines y otros suproductos, dentro de los principios de economía circular.
El bloqueo del estrecho de Ormuz, como consecuencia de la guerra de Irán, está causando un importante déficit de fertilizantes nitrogenados vitales para la agricultura.

La guerra de Irán ha conformado nuevamente la vulnerabilidad estratégica que genera la dependencia de recursos concentrados geográficamente, según precisa Gaspar Ros Berruezo, catedrático de Tecnología de los Alimentos, Nutrición y Bromatología de la Universidad de Murcia, quien defiende la utilidad del modelo One Health para afrontar este problema de manera multidisciplinar.
“A finales de 2025 –señala Ros-, en el seno de la Federación de Veterinarios Europeos, y con la participación de la OCV, se configuró un posicionamiento al respecto, porque ya se preveía este fenómeno. Así, se propone una transición hacia sistemas agroalimentarios basados en una bioeconomía circular para garantizar la seguridad alimentaria mundial. El documento sostiene que es fundamental reducir la dependencia de los fertilizantes sintéticos derivados de combustibles fósiles, priorizando en su lugar el uso de nitrógeno biológico fijado en los residuos, principalmente estiércol y subproductos animales”.
Por último, el profesor Ros señala la necesidad de distinguir entre las emisiones de carbono biogénico (propias de los ciclos naturales de plantas y animales) y las emisiones de carbono fósil. “Mientras que los animales circulan nutrientes ya presentes en la biósfera, la combustión de carbono fósil es el principal motor del cambio climático. Por tanto, reducir la cabaña ganadera en favor de una dieta exclusivamente vegetal podría, paradójicamente, aumentar la dependencia de fertilizantes sintéticos derivados del gas, agravando la crisis de suministros actual”, concluye.
“La ganadería, por su parte, jugaría un papel fundamental no solo como fuente de proteína, sino como pilar de la fertilización orgánica, necesaria para la producción vegetal sostenible, mediante la producción local de fertilizantes circulares”, explica el especialista.
De esta forma, en España, como uno de los principales productores ganaderos de la UE, la aplicación de tecnologías para la recuperación de nitrógeno (RENURE) y de valorización de subproductos podría permitir recuperar entre 200.000 y 400.000 toneladas de nitrógeno anuales, reduciendo significativamente la dependencia española de fertilizantes nitrogenados importados.






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